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Hablar bien en público, una habilidad que se entrena

Josep Puigbó
30 de Noviembre de 2017

Nadie puede discutir el hecho de que la comunicación se ha convertido en una herramienta clave de la gestión empresarial. Pero en las empresas, gobiernos, organizaciones de todo tipo, se piensa que se sabe, de comunicación. Y todavía hay quien piensa que es una cosa menor, de artesanía y de segunda línea, cuando, de hecho, es todo lo contrario.

Es imprescindible que los directores de comunicación mejoren su formación empresarial y se conviertan en directivos de la empresa, con capacidad de liderazgo y de decisión. Deben de saber ser la conciencia crítica de la compañía, capaces de trasladar lo que se cuece en la opinión pública.

Hoy, todos somos emisores y receptores de mensajes. Los medios de comunicación –sobre todo en Internet-, las redes sociales y las comunicaciones móviles, dan voz al ciudadano y permiten propagar rápidamente, a escala mundial, información, opiniones, imágenes, rumores, peticiones y movilizaciones.

Para recuperar la confianza perdida urge escuchar más y desarrollar procesos de comunicación en los que el círculo virtuoso se desencadene y se integre, de una manera consciente y consistente, en la estrategia corporativa. Éste es un gran reto para el liderazgo y el gobierno de las instituciones y las empresas que pretendan construir y mantener una reputación positiva.

Al gobernador, al empresario o al gestor, los conocemos por lo que hacen, pero también por cómo transmiten lo que hacen. La gestión en sí no es un argumento de venta; lo que vende es la percepción, por parte de las personas, de lo que hace el gobernante o el empresario. La recepción positiva por parte de las personas sólo se obtiene con una buena capacidad de transmitir lo que se quiere transmitir.

La habilidad de exponer una idea es tan importante como la idea en sí misma. En la exposición de una idea, intervienen dos elementos: la comunicación verbal –el fondo: la palabra, el contenido- y la comunicación no verbal –la forma: cómo lo decimos, el lenguaje del cuerpo.

La capacidad de hablar en público es una habilidad que se entrena y se desarrolla con la práctica. Para hablar en público se utilizan herramientas y técnicas que permiten hacer exposiciones orales claras, ordenadas y convincentes.

La cultura anglosajona siempre ha dedicado atención a la oratoria. En nuestro entorno inmediato, en el colegio y en la universidad, no se fomentan las dotes oratorias, sino al contrario: un “castigo” es salir a la pizarra y explicar la lección frente a la clase, es decir, el castigo es hablar en público.

En el mundo moderno, la calidad de vida está muy vinculada a la calidad de la comunicación. Hablar bien es cada vez más necesario, tanto para el trabajo como en otros ámbitos de la sociedad. En el contexto profesional de primer nivel, las capacidades de expresión oral y de redacción son cada vez más valoradas. Tanto la una como la otra se afinan, precisamente, hablando y escribiendo.

Y es que hacerse entender es el primer requisito para convencer.