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El arte de contestar lo que se quiere

Marta Avellaneda
29 de Marzo de 2019

¿Te has tenido que enfrentar a alguna pregunta incómoda? ¿Te has visto sobrepasado por preguntas de periodistas o por la presión de la opinión pública? Si es que sí, debes tener claros algunos puntos que te pueden ayudar.

No estamos obligados a responder todas las preguntas. Esta es una premisa importante que hay que tener presente. A veces, como portavoces de una empresa, institución o entidad, podemos vernos involucrados en algún incidente no deseado, alguna información no veraz o en cualquier otra situación desagradable que nos lleve a afrontar situaciones incómodas, delicadas o inesperadas. Por ese motivo, resulta tan importante haber simulado y entrenado previamente una casuística similar.

La función del periodista es preguntar. Pero el entrevistado no está obligado a dar la respuesta que el periodista quiere. El objetivo del portavoz es dar la respuesta que quiera dar, en función de sus intereses.

Lo que pasa en muchas ocasiones es que la presión de la opinión pública y del propio periodista, entre otros factores, hace que el portavoz se vea sobrepasado y acabe, o dando una información que no quería dar o explicando mal aquello que quería expresar y, como consecuencia, dando lugar a malentendidos y a malas interpretaciones.

No contestar lo que el periodista quiere que el portavoz conteste, no significa nunca mentir, sino, simplemente, no dejase intimidar por la presión externa. Y eso, en momentos de tensión, no es nada fácil.

Por este motivo, desde UNDATIA comunicación trabajamos con unas encuestas creadas específicamente para cada situación, los llamados Q&A, con el objetivo de prever el máximo de preguntas incómodas que puedan surgir en una conversación entre periodista y portavoz. Se trata de ponerse al otro lado para llevar al portavoz al límite a partir de formularle las preguntas más incómodas posible.

Para poder hacer este ejercicio, aplicado a cada situación específica, es necesaria mucha agilidad y, sobretodo, disponer del máximo de información posible para poder prever el máximo nombre de escenarios incómodos que se puedan generar. Este es el momento de máxima confianza con el portavoz para aprender a controlar las respuestas y entrenarse en el arte de contestar aquello que se quiere contestar.