Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y recopilar información estadística sobre tu navegación. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes obtener más información consultando nuestra política de cookies. Aceptar

Invisibles: el proceso creativo de la televisión

Anna Bonet
9 de Febrero de 2016

Cada día un poco más ancha y plana, ocupa un espacio de privilegio en nuestros hogares –algunas veces más de uno y de dos. A menudo la ponemos en marcha sin prestarle atención, otros momentos nos quedamos enganchados mirándola, absorbidos por un magnetismo inexplicable. Hay momentos que le hablamos y, otras, que nos dormimos oyéndola hablar. Odiada y amada a partes iguales, hace casi 60 años que irrumpió en nuestras vidas y casi se ha convertido en un miembro más de la familia, pero la televisión todavía es una gran desconocida. Por lo menos, lo es su proceso de creación.

Lo que vemos en la pantalla es aquella carrera de 100 metros lisos de atletas que compiten para batir el récord olímpico. En sólo unos segundos consiguen un hito excepcional: correr a una media de 37 quilómetros por hora y cruzar la línea de llegada en menos de 50 pasos. Puede parecer un milagro, magia, o bien ambas cosas a la vez, pero es obra del esfuerzo intenso y constante de meses (y años) de preparación; el trabajo oculta de toda una vida que se expone  –y evaluar- durante 10 efímeros segundos. Como el entrenamiento de los atletas, el proceso creativo de la televisión es largo, intenso e invisible. Si estáis un poco familiarizados con la creación audiovisual, habréis oído alguna vez que para montar un minuto de programa se necesita una hora de material grabado. Es cierto que esto depende del tipo de programa (documental, de entrevistas, de entretenimiento, etc.) pero en muchos casos esta estimación es del todo realista.

Recientemente, parte del departamento de Producción de Contenidos de UNDATIA hemos estado inmersos en la creación de un nuevo formato para televisión, un proceso a menudo comparado con el de un parto. Así, hemos formado un equipo de potenciales padres y madres con el que, durante meses, hemos estado gestando un embrión y lo hemos hecho crecer hasta a parir el llamado programa piloto, es decir, un producto que contiene el alma del programa y se convierte en una declaración de intenciones. El piloto recoge los principales contenidos del programa y una muestra de las posibilidades técnicas y periodísticas que tiene el formato. Durante este proceso de creación, a menudo se trabaja a contrarreloj, con la máxima intensidad y cuidado para que el resultado final sea un producto de calidad, irresistible para la televisión. Trabajamos con un doble compromiso, con la audiencia y con la cadena para la que hacemos el programa, y ​​con la responsabilidad de quien se enfrenta a una entrevista de trabajo o un examen de final de curso. Y es que del piloto dependerá, en buena parte, que el programa sea una realidad o quede enterrado en un cajón. Tras nuestra pantalla de televisión, están las cámaras que graban lo que vemos, y detrás de ellas, hay todo un ecosistema oculto y subterráneo, de productores, documentalistas, guionistas, redactores, coordinadores, operadores de cámara, montadores, estilistas, maquilladores, peluqueros, iluminadores, técnicos de sonido, grafistas, músicos, presentadores, etc. que trabajan incansablemente para dar vida a proyectos que, a veces se materializan pero, otras veces, no llegan a ver la luz. Y es que hay muchas razones por las que un programa puede -o no- terminar apareciendo en nuestras pantallas de televisión. El piloto juega un papel muy importante pero hay situaciones en las que decisiones estratégicas o económicas de la cadena pueden dejar muchos proyectos en la nevera o, incluso, en el cubo de la basura. Como en el deporte de élite, ganar no siempre depende del esfuerzo que le dedicamos, pero trabajar a máximo rendimiento es totalmente imprescindible para conseguir resultados.