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La importancia de compartir valores (con empleados y con clientes)

Josep Puigbó
19 de Diciembre de 2019

Un magnífico estudio sobre los medios de comunicación y valores, del filósofo, escritor, profesor universitario y admirado amigo, Ferran Sàez Mateu –publicado hace muchos años- dividía los valores entre premodernos, modernos y postmodernos. Y establecía cómo estos valores han cambiado con el paso del tiempo. Pondré algunos ejemplos poco ilustrativos: la homogeneidad (valor premoderno) dio paso a la uniformidad (valor moderno) y, esta, a la relatividad (valor postmoderno). Esta es la misma visión que expresaba magistralmente “la elocuencia – la demostración – la argumentación”; “lo absoluto – la totalidad – la relatividad”; “el rígido – el sólido – el líquido”; “la oralidad –la escritura – la imagen”; “la consigna – el lema – el eslogan”; “el símbolo – el signo – la marca”; “el sufrimiento – el esfuerzo – el placer”: “el pasado – el futuro – el presente” o “la sabiduría – la inteligencia – la emoción”. Los valores, por tanto, se transforman con el paso del tiempo, aunque hay algunos que pueden abastecer a diversas generaciones. De cosecha propia, -sin pretensión de emular al profesor Sàez – quiero añadir un par más: “el proveedor – el colaborador – el socio o partner”. O este otro: “el conocimiento – la experiencia – la actitud”.

Estoy convencido que, una agencia de comunicación como la nuestra, tiene que compartir valores con sus empleados y también con sus clientes, como una condición fundamental para poder mantener –con unos y con otros- un vínculo perdurable y exitoso. En Undatia Comunicación trabajamos, como muchas empresas, con aquellos valores que entendemos que son propios, que no nos llegan impuestos, sino los que compartimos, en los que creemos y con los que nos identificamos: la responsabilidad y el compromiso (identificando como propios los objetivos de nuestros clientes); la iniciativa (siendo proactivos y planteando los problemas acompañados de propuestas y soluciones); la constancia (trabajando con disciplina en los métodos delante de los objetivos a largo plazo); la agilidad (capaces de dar respuesta cuando el cliente las necesita); el sentido de equipo (dispuestos a tomar decisiones en común) y la actitud positiva (qué quiere decir ser tolerantes, intuitivos, entusiastas, alegres y rápidos).

Me detengo en los clientes, por un momento. Después, lo haré con los empleados. No es verdad que los clientes siempre tienen la razón, como se decía antes. Nuestra obligación como agencia es contradecir los criterios del cliente cuando pensamos que son erróneos. Por eso, pasar de ser el proveedor o el colaborador al socio o partner es fundamental para compartir un valor esencial: el de la confianza. Si no compartimos la confianza –en los dos sentidos- la relación contractual, aunque obligue a las partes, no perdurará en el tiempo.

Sobre los empleados. Un currículum vitae, como herramienta para encontrar un nuevo trabajo, no deja de ser una magnífica radiografía del pasado, que dibuja con detalle los conocimientos adquiridos, la capacitación técnica, las habilidades conseguidas… Esta radiografía del pasado, hasta llegar al presente, trata del qué, pero no del cómo. Cuando profundizamos en las maneras de hacer, en las actitudes, en los valores –eso que antes se llamaban virtudes-, cuesta mucho más ponerlo negro sobre blanco. O ni siquiera se dicen, o son de manual para intentar quedar bien. Por eso, como apuntaba antes, el valor del conocimiento se debe de ir sustituyendo por el de la experiencia y, este, por el de la actitud.

Lo tengo claro: a la hora de contratar a alguien, valoro más preguntarle si comparte los valores de la empresa y es capaz de asumirlos y ponerlos en práctica, antes que solo valorar la capacidad técnica. Esta ya se supone. La pone en el currículum. Y esta competencia solo se demuestra…cuando se pone a prueba.

 

Josep Puigbó

Socio fundador y director general de Undatia Comunicación